El COEA desaconseja estos elementos decorativos debido a las enfermedades bucodentales, desgarros o traumatismos que pueden provocar.

Perforarse la lengua, los labios o las mejillas puede considerarse algo atractivo. Algunas personas así lo consideran. Lo que está claro es que esta práctica popular puede interferir en el habla, la masticación o la deglución, además de que puede provocar serios riesgos para nuestra salud bucodental y, por ende, general.

Así de claro lo expone el Consejo General de Dentistas de España y el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Alicante (COEA), que ofrecen un decálogo de razones para decir no a esta forma de expresión personal, puesto que la moda y la estética no pueden comprometer tu salud. Y quienes quieran seguir utilizando estos accesorios tiene 10 consejos a seguir.

Decálogo para decir "no" a los piercings orales

Traumatismos: Si el piercing está en la lengua es necesario saber a qué riesgo nos enfrentamos, ya que al perforarla se puede dañar el nervio y provocar pérdida de sensibilidad de forma ocasional o permanente. Esta lesión puede conllevar un gran dolor, la pérdida del sentido del gusto y dificultar el habla de las personas que se someten a la intervención para portar este elemento estético. Dolor, hemorragias y edemas se pueden dar en cualquier orificio en lengua, cara o labios.

Infecciones: La boca es un entorno húmedo y en ella se reproducen cientos de bacterias. Las medidas higiénicas para realizar en ella un agujero deben ser extremas en el momento de hacer el piercing pero también después. Si no se cumplen ciertas pautas se puede desarrollar una infección local que podría llegar al torrente sanguíneo y alcanzar a otros órganos. Algunas de estas infecciones pueden ser graves.

Retracción en las encías y gingivitis: Si el piercing se coloca en el labio inferior esta acción puede generar la recesión de las encías en la cara vestibular de los incisivos inferiores. Si el piercing se hace en la lengua, es normal que cause retracciones en las encías de los incisivos anteroposteriores. Así lo advierte el Consejo General de Dentistas, que añade otras patologías frecuentes en personas con estos elementos: la gingivitis y la periodontitis, dos enfermedades cuyas consecuencias pueden ser muy graves para la salud bucodental porque pueden ocasionar pérdidas dentarias.

- Fractura dentaria y desgarros: El COEA advierte: Es frecuente que las personas con piercings intraorales tengan la costumbre de morderlos o jugar con ellos empujándolos contra los dientes. Este hábito puede ocasionar fracturas dentales o fisuras en el esmalte del diente. Está comprobado que la mayoría de las personas que siguen esta moda sufren alguna pérdida de su estructura dental. También pueden producirse desgarros de la carne.

Salivación excesiva y mal aliento: El piercing en la cavidad oral, sobre todo si se encuentra en la lengua, pueden producir alteraciones en la salivación que son muy incómodas y molestas para quienes las sufren, así como mal aliento.

 - Cicatrices queloides, alteraciones de la masticación y posible ingestión del piercing: Las cicatrices que dejan los piercings son abultadas y fibrosas. Sin duda suelen ser dolorosas al tacto y no se pueden abordar quirúrgicamente. Siempre queda marca. Además, su colocación puede provocar alteraciones a la hora de masticar y es frecuente la ingestión del elemento con sus posibles consecuencias.

Consejos si tienes un piercing oral

El Colegio de Dentistas de Alicante recomienda a las personas que llevan piercing oral, en primer lugar, que preferiblemente se lo retiren. Pero si deciden seguir llevándolo, hay que tener mucha precaución y seguir unos consejos:

1.- Evitar el tabaco, el alcohol y las comidas grasas en la fase inicial y, al menos, hasta que el orificio haya cicatrizado completamente.

2.- Solicitar a nuestro dentista que nos recomiende un enjuague antiséptico adecuado.

3.- Mantener siempre limpio el piercing, libre de restos de comida y bebida, para evitar infecciones.

4.- Comprobar con periodicidad el ajuste del piercing para evitar atragantamientos o asfixias.

5.- Manipular siempre el piercing con las manos muy limpias.

6.- Si practicamos cualquier deporte de contacto, utilizar protectores bucales o retirar el piercing durante el ejercicio.

7.- Si vemos algún cambio de color o forma en la zona acudir rápidamente al dentista para que nos indique el tratamiento más adecuado. Es decir, vigila posibles signos de infección

8.- Ten cuidado con los movimientos del piercing al comer y al hablar.

9.- Cepíllate dos veces al día, al menos.

10.- Visita periódicamente a tu dentista para revisar el piercing.


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